El juego constituye una parte imprescindible de la niñez, porque es un importante socializador, al poner al niño en contacto con otros que van más allá de su núcleo íntimo.
También ayuda a desarrollar las emociones, a regular las conductas, a estimular la imaginación.
Pero también es, simplemente, un placer. En esto último, no hay diferencia entre niños con TEA/TDAH y niños típicos, por lo que si bien existen y son importantes los juegos y juguetes que ayudan a mejorar sus habilidades, nunca hay que perder de vista el aspecto meramente lúdico.